Mar 312013
 

obesidad_infantilNo es gran novedad que los hábitos de los padres con el tiempo se transforman en los hábitos de los hijos, por lo que, en una familia con alto grado de sedentarismo, desórdenes alimentarios, porciones de alimento generosas en cantidad y sabores intensificados con azúcares y sal, se puede producir una cadena de padres e hijos con sobrepeso.

Pero no solo los hábitos paternos pueden influir en el peso de los hijos, también se suman los estudios que arrojan luz sobre un fuerte componente genético que predispone a la obesidad infantil a los hijos de padres con obesidad.

Un estudio pubicado en International Journal of Obesity, ha identificado  32 genes que pueden considerarse factores de riesgo. Se tomó una muestra de casi 2300 niños entre 8 y 11 años y los efectos acumulativos de estos genes en diferentes proporciones lograron explicar hasta un 30% de las diferencias en el peso corporal del infante.

Los investigadores tienen mucho trabajo por delante, ya que las variables genéticas que han encontrado que tienen indicencia confirmada en el peso del sujeto son una ínfima parte del material disponible para estudiar,  este factor herditario de los padres que acabamos de comentar, no es más que una, de cientos de variables genéticas que posiblemente puedan afectar el peso corporal de una persona.

No pretendemos crear la idea de que no hay nada que hacer, el hecho de que un niño tenga padres obesos, no significa que “necesariamente será obeso”, hay mucho que hacer para que este factor de riesgo no resulte necesariamente en un niño obeso. Los padres, expertos en nutrición y hasta la sociedad misma pueden potenciar el peligro de obesidad infantil o disminuirlo.